"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

viernes, 9 de enero de 2015

Estupidas mentiras con escasa importancia.

Podemos intentar mentirnos todo lo que queramos. Podemos hacernos los fuertes y grandiosos. Podemos creer que sobreviviremos, que el siguiente paso es tan simple como respirar tres veces y dar un paso hacia delante. Venga... ahora podemos reírnos. Porque nos mentimos demasiado al creer estas chorradas. Solo hace falta un instante, un segundo, una palabra, mirada o toque y todo eso se desmoronara como si el lobo soplase tu pequeña casa de paja.

1 comentario:

  1. El problema es que nos mentimos TAN bien... o quizás que somos muy ingenuos. Esa casa debería estar construida sobre fuertes cimientos, sobre prioridades. Al fin y al cabo no podemos empezar las casas por los tejados.

    Un saludo.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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