"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

viernes, 6 de marzo de 2015

No necesito alcanzar el horizonte.

La primera vez que me llevaron a ver el mar mamá dice que me solté de su mano y salí correteando por la arena manchándome el vestidito de playa, perdiendo las chanclas y haciéndome la raspadura del codo que parece más una marca de nacimiento. Ella me perseguía mientras papá y Jason se reían, corrí y corrí hasta el mar pero cuando toque el agua me quede quieta. "¡No vuelvas a hacerme esto! Ya te dije que no te gustaría esta muy fría" la historia cuenta que negué, mire a mamá como si yo supiese un secreto que ella no y le tire de la mano para meternos más hondo y flotar. "Cuando te pierdes siempre sabemos que estas en el agua" dice papá. A medida que crecía no podía imaginar largarme de aquí, perderme la puesta de sol brillando en el agua, el sonido de las olas, el olor del mar, los pescadores por la mañana, la arena picándome en el cuerpo tres días después de haber ido a la playa. No podía hasta entonces. El ocho de septiembre de mis veinte años le dije adios....
Apenas has dormido, son las cinco de la mañana, te calzas tus zapatillas y corres hasta el lago. Escuchas las cigarras, ves los restos de luna brillar sobre el agua, el olor de los árboles y la paz de la madera bajo tus pies. Te paras respirando, mirando ese lugar que es tan hogar como tu casa, noches nadando hasta la plataforma, peces, besos, heridas e historias. "Adios" dices escuchando el ligero eco de tus palabras. Entonces vuelves a correr, la ves, la playa. Hacía más de medio año que no salías a correr, te duelen los pulmones, te tiemblan las piernas y sudas como una cerda pero ahí estas tirada boca arriba en la arena jadeando, esperando la puesta de sol.
-He visto tu culo gordo corretear por la playa. Es una gran forma de empezar el día.-te grita Johnatan a lo lejos.
-Que se te clave un anzuelo amigo.-le respondes mientras ves los primeros rayos de sol.
-Tu madre se cabreará al no verte en la cama para el desayuno de despedida.-escuchas decir al tío Cole.
-Dejaré que el factor "me marcho" ablande su corazón.
-Veinte años e igual de ingenua.-se burla el tío Sax.-luego te veremos con un dolor de cuello de la colleja que te dará. Guárdanos tarta.-sonríe adelantándose a la orilla y saludando a Johnatan.
Te quedas el suficiente tiempo para ver la subida de la marea, a las gaviotas comer y el sol resentirte los hombros. Gritas un "os veo luego" y sales corriendo a casa. Tienen razón mamá te da una colleja al llegar a casa, te pone un vaso de zumo de naranja y un desayuno digno del buffet de un hotel. Escuchas sus quejas por lo bajo mientras recogéis la cocina, ves a papá juguetear con las llaves antes de ir al bar, Jason está tirado en el sofá y se ríe al verle tan nervioso "por mi no gimoteasteis tanto y ni siquiera se va aún" "porque ella huele mejor" se burlo papá con media sonrisa antes de darme un sonoro beso en la frente.
Terminas de hacer la maleta del tamaño de un baúl junto a una caja de cartón llena de "lo que eres". Ves la habitación vacía y enorme. Volverás antes de darte cuenta, te repites.
-¡Mamá hora de irme!-gritas bajando las escaleras como un tifon. "Cuanto más importancia le des, más se preocuparán".-Jason mueve el culo gordo y saca el coche. Ayuda a esta damisela.
-Tienes casi la misma fuerza que yo hermanita.-sonríe cogiendo la pequeña caja y las llaves del coche.-tantos barriles de cerveza han hecho de ti un hombreton. ¿Así gustarás más a las chicas?-sonríe.
-Gilipollas.-dices con sorna dándole una patada en el culo. Escuchas a mamá sorberse los mocos detrás de vosotros.-mamá vamos, a papá le dará un sincope de estar solo. Dirá que lo abandonamos.
Al llegar al bar ves a medio pueblo sentado en la terraza tomando cafés, cerveza, refrescos y comiendo como cosacos. Al verte levantan todos su bebida y hacen un brindis silencioso asintiendo hacia ti. Papá sale al escuchar el coche con el trapo en el hombro y las mejillas algo sonrosadas.
-¡Tu viejo padre lleva bebiendo desde hace tres horas!-grita JD.-parece que le deja la mujer.
-¡Se marcha su dulce niña!-berrea el señor Tansy.
-¡¿Dulce?!-preguntan unos cuantos a la vez.-¡Miriam, Sean tiene una bastarda por el pueblo!-le gritan a mamá.
-Idiotas. Ven aquí hija.-te agarra y da un abrazo de oso.-no puedo creer que mi Greta se marche.
-Te echaremos de menos niña.-dicen todos. Entonces mientras das besos y abrazos a esos vejestorios a los que alcoholizaste, los que te cuidaron de enana, que te peinaron, dieron de comer y enseñaron a navegar, luchar y jugar. Mientras te despides de tu enorme familia ves a la otra ahí, en una esquina con ojos llorosos sonriendo como idiotas. Te acercas con las manos en los bolsillos de la chaqueta y la cabeza ladeada.
PD: esta ya es casi el final de esta historia, sin embargo la despedida la hice muy larga. Estará dividida en tres entradas contando esta. La próxima la subiré pronto. Espero que os guste, a mi me cuesta decirle adios a Greta. Un beso, la niña perdida.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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