"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

jueves, 16 de abril de 2015

Algo que no tienes porque llamar amor.

Hablamos de amor, de historias mágicas, de sueños dignos de cuentos y leyendas. Contamos y creemos eso, historias. El amor de la reina y el rey que arrasaron naciones, unos críos que solo con verse fueron capaces de destruir dos familias junto a una ciudad, gente perdida que se encuentra en la mirada del otro, mentes jodidas que intentan arreglarse mutuamente. Vivimos para creerlas, vivimos creyéndolas pues sino estaríamos acabados. Todo el mundo adora las historias de amor por mucho que piensen no hacerlo. Miras la pantalla y cuando acaba piensas "que bonito, vaya mierda o tendrían que haber terminado juntos". Dicen que es absurdo que lloremos por lo que pasa en un libro, una serie o una película el problema es que lo convertimos en nuestro. Apartando el extraño fanatismo en el que "son parte de ti", realmente son como esos colegas a los que cuando le deja la novia o el novio la llamas puta o a él cabrón, a los que cuando ves besarse dices oohhh y si un día llegan a tener críos quieres ser la madrina o que te llamen "tía". Bendita ficción. Sin embargo demasiada nos aparta de la realidad. Porque esa... la realidad es otra bien distinta. Hombre. Mujer. Haz la combinación que quieras. Palabras. Palabras. Palabras. Tensión. Química. Después vienen las elecciones. Tal vez sea amor. Quizás solo sea sexo. Quizás la cosa solo sea amistad. Quizás solo sea una historia donde una persona conoce a otra y esta cómoda siendo ella misma.  No es un melodrama digno de película de Hollywood, no es la canción de un bardo y mucho menos el libro con final feliz. Solo es... algo.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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