"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

viernes, 24 de abril de 2015

Solía amar a un monstruo.

Él me dijo muchas cosas. Dijo que no valía lo suficiente. Dijo que sin él estaría perdida. Dijo que mi ropa era de guarra. Dijo que podía y que no podía llevar. Dijo a quien podía ver. Dijo que mis amigas eran una mala influencia. Llamo a mi madre tonta. Me llamo estúpida tantas veces que no recuerdo a partir de que número dejo de importarme. Dijo que él era lo único bueno que tenía. Se lo perdoné todo. Con cada palabra me aferraba más a él por miedo a perderle. Le creí. Le creí cada maldita palabra. Lloraba. Me lamentaba. Cambie. Me convertí en quien él quería. Era lo que él me decía. "Seré buena, seré mejor, seré todo lo que quieras". Era patética. Era horriblemente necesitada. Me convertí en una persona débil. Entonces otra apareció, otras aparecieron, yo era la constante. "No soy suficiente" pensé. Vivía con un monstruo al que amaba. Aguante el dolor. Aguante las palabras. Aguante los engaños y el miedo. Lo soporte todo. ¿Por qué? ¿Por qué? Esa pregunta me la hacía cada noche al dormir. Me la hacía por las mañanas mientras como una chica buena obedecía. ¿Por qué? Por que sabe que ha hecho mal, me pide perdón. Sin embargo me harte de perdones, pues siempre volvía a escuchar aquella palabra "perdón", dejo de tener significado, siempre le perdonaba. Entonces... ¿Por qué? Por amor. Eso es... por amor ¿tiene que serlo no?
girl, bed, and alone image
Pero un día no soporte más. Quizás fuera el sujetador demasiado grande para ser mío, el olor a perfume en mi propia cama, las palabras bonitas oídas por le teléfono, las llamadas mientras cenábamos, sus constantes palabras menospreciándome, quizás fuese el último bofetón, quizás fuese la soledad, el dolor y el sentimiento de que no reconocía a la persona del espejo.No reconocía a la persona que hablaba. Quizás fuera que el amor se acabo, quizás fuese el odio hacía él y mi nuevo yo. Solo en el instante en que cogí la maleta metiendo la ropa que creía mía, mientras cerraba la cremallera, mientras le corazón me galopaba en el pecho con miedo a escuchar la puerta de casa abrirse, mientras escribía las palabras que me liberaron "Vete a la mierda, hasta nunca. Atentamente la mujer más estúpida de la tierra, ella una vez te amo ¿Por qué? No tengo ni idea.". Cuando me monte en el coche, cuando huí de esa vida fue que volví a reconocer un atisbo de la mujer que una vez fui ¿Por qué? por ser la primera vez en doce años que sonreía mientras lloraba.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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