"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

domingo, 12 de abril de 2015

Son solo otras gotas sobre mi ventana.


Esta noche oigo los truenos retumbar en el cielo, las gotas caer sobre el duro suelo y chocar de forma acompasada contra el cristal de mi ventana. Esta es una de esas noches en las que me paseo bajo la calle tomando el agua del cielo, en las que bailo sobre los charcos, y en las que no puedo dejar de sonreír. Pero hoy... ahora solo puedo verme y sentirme mal, querer llorar y dejar caer mis lágrimas al igual que las gotas sobe mi ventana. Me duele, y mis ojos se enrojen encogiendo así mi corazón. No sé qué hacer, no sé qué hacer y tengo miedo por ello. Estoy aterrada.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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