"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

domingo, 24 de mayo de 2015

Antes era más neurosis que hombre.

Mi nombre es Remi, tengo lo que llamarías un trastorno obsesivo-compulsivo. No es algo divertido como debo golpear la puerta tres veces, sería más algo tipo Jack Nicholson en "Mejor imposible". Me levanto todos los días a las 6 a.m, pero el despertador debe sonar dos veces y ser apagado a la tercera. Me lavo la cara primero con agua fría y luego con agua caliente. Desayuno una tostada pasada dos veces por la tostadora y con tres partes de mantequilla y una de mermelada de fresa. Limpio la cocina, el baño y mi habitación antes de irme al trabajo. Trabajo a nueve manzanas y quince pasos de casa. Soy un programador informático "demasiado atractivo para ser tan maníaco y con unas gafas demasiado grandes". Como a las 2 p.m con mi compañero Albert en el restaurante mexicano los miércoles, algo de comida casera los jueves y lunes, y en el bar de la esquina los martes y viernes. "Tus extravagancias hacen que parezca más normal" suele decirme con su enorme sonrisa, si no fuera un tipo tan amable lo habría mandando a la mierda hace mucho. Mi madre me llama todos los domingos preguntándome las tres cosas de rigor con diferentes variantes: "¿cuando te vas a casar? ¿como van los tics? ¿comes bien?" Yo le respondo como el buen hijo que intento ser para evitar que la mujer muera de un ataque cardíaco o se mude conmigo: "cuando encuentre a la adecuada; mejor; perfectamente sano y equilibrado, incluso he engordado un poco". Todas las noches de lunes a jueves ceno en la cafetería llamada Patsi's debajo de mi casa, donde hay un amable camarero llamado Spencer que atiende cada una de mis manías, una calmada pareja de ancianos que toman su cena con tranquilidad, suavidad y sonrisas. Vivo solo con un gato llamado Chispas, Albert dice que es nombre de perro, pero a mi no me gustan los perros babean, ensucian y piden demasiado cariño que yo no quiero dar; Chispas sin embargo es la constante que hace que no me vuelva un poco más loco cada día. Esta es mi vida. Era, era mi vida hasta el día en que conocía a... Nova.
PD: Hola a todos, esta es una nueva historia, no sé cuan larga será pero empecé a escribir y no podía parar. No es una historia de amor. No es un cuento de chico conoce a chica y la vida resplandece. Es solo un pequeño fragmento de vida entre lo real y la ficción, la tristeza y la felicidad y bueno... la amistad. Esta es Nova. Espero que os guste. Un beso enorme, la niña perdida.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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