"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

jueves, 21 de mayo de 2015

Entonces lo supe... amar lo que temes, es peligroso.

Adoraba verla dormir tranquilamente, sobretodo después de los días en los que no la entendía, en los que la Sally irracional y de ojos brillantes o tristes aparecía. Solía tener esa pequeña sonrisa con la boca abierta, el pelo desparramado y la respiración constante. Si Sally tenía paz alguna vez, sé que era en sus sueños. Pero al despertar el show empezaba. Solía adorar y amar la sorpresa, la imprevisibilidad de sus actos, de ella. Pero Tras aquel día Sally se quedó con nosotros cuatro días y cinco noches. 
-Esta cama es más cómoda que la de tu casa.-afirma contundentemente mientras se pone a dar vueltas en la cama como una cría.-y más grande.-levanta una ceja.
-Paso más tiempo aquí.-me encojo de hombros.
-Debería venir más a menudo.-se abraza las rodillas y me mira con sus grandes y pacíficos ojos, con una chispa de "salvaje", mientras apoyada la cabeza en ellas.-han pasado casi dos años desde que terminé el instituto.
-Pero has hecho cosas increíbles.-puntualizo.
-Sí.-afirma.-pero creo que un poco de.... de....-frunce los labios.-¿de regularidad?-asiente.-de eso me vendría bien, horarios, estar más cerca, nuevos aires algo de monotonía.
-A mi me gustaría a veces hacer lo que has hecho tu.-me tumbo a su lado.-es impresionante Sally. Podrías escribir una novela de viajes o algo así.
-Nadie leería las tonterías que digo.-"oscuridad"-pero es un bonito sueño. "Los viajes de Sally Morgan"-ríe.-es un buen titulo. Me gusta como suena.-sonríe más abiertamente y le doy un beso. Sonríe más.-sí, además mi nombre impreso en letras grandes con una bonita tipografía...-se tumba.
-Yo lo compraría.-me apoyo en su estómago.-te haría una foto increíble para la portada. Tendrías que salir obviamente.-rueda los ojos.-venderías mucho más. Ese nombre y esa cara.-le beso la tripa.-a mi me tienes.-levanto las manos en rendición. Sonríe mucho más ampliamente con ese verde brillante asaltando. "Solo está feliz. Muy feliz" me digo.
-Ya te tenía.-asiento firmemente y me revuelve el pelo-eres un idiota romántico Danny, creo que quizás sea uno de los motivos por los que te quiera.-se acerca y me besa.
-¿Qué debería decir ahora?-digo burlonamente-¿te quiero? uf, demasiado importante. No sé yo si estamos en ese....-cavilo lentamente mientras ella me rueda los ojos otra vez.- punto.-digo como si se me encendiese la bombilla con una sonrisa ladeada.
-Mira que eres idiota.-se ríe antes de besarme de nuevo y hacer que los escalofríos me recorran.
Porque a pesar que en esos días la ame, quise y tuve como si fuese lo único que había. En aquellos días ella era mi centro y yo el suyo. Asustaba y alentaba querer tanto a alguien. Era reconfortante saber que ella me cogía la mano. Me encantaba oír su voz a mi lado al despertar, sus tontas bromas a Jimmy en la cocina, sus discusiones con Ralf sobre la serie que echaban. Sin embargo también descubrí una cosa.... temía sus ojos más que nada en este mundo, porque aunque la amase, aunque creyese entenderla cuando ciertamente sabía que no lo hacía, aunque no supiese que pensaba realmente o su actitud fuese contradictoria y escurridiza al entendimiento, ellos mostraban que pasaba por su cabeza igual que un cristal en un acuario. Miles y miles de peces nadando. Es curioso amar lo que temes, antes me hacía el "valiente" "el macho" evitando reconocer mi temor por lo que Sally Morgan era, por lo que ella significaba en mi vida y lo que ella significaba. Pero en ese instante cuando la vi sonreír de aquella forma tan.... dios tan increíblemente preciosa pero a la vez cada pelo de mi cuerpo se erizo, cada terminación nerviosa estallo en un temblor tuve que reconocerlo "le tengo pavor".

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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