"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

jueves, 7 de mayo de 2015

No quiero olvidarme de respirar.

Hay días que despierto con la necesidad de respirar, el aire me falta, la garganta se me cierra y siento que las lágrimas saldrán, y cuando eso pase... no seré capaz de detenerlas. Esos días siento miedo de mi misma, siento miedo de lo que soy capaz de hacer. Antes el dolor me aliviaba, si sufres físicamente el dolor emocional parece aplacarse ¿no? ¿no? Lo sé, sueno suicida y autodestructiva, mi psicólogo (si lo tuviese) seguro diría lo mismo. Sin embargo aprecio demasiado el precio de la vida para ser considerada tal. Sigo respirando ¿no? aunque cueste, puedo hacerlo, puedo sentirlo, puedo... vivir Puedo seguir haciendo eso, mejor o peor lo hago. Mis tontos problemas, más grandes o pequeños no pueden quitarme eso. Vivir significa un camino contaste de tropiezos, caídas y oportunidades para arreglarlas o continuar jodiéndola (seguro que lo leí en algún libro). Así que eso me digo cada vez. Eso me digo al retener las lágrimas. Eso me digo cuando quiero rendirme. ¿Qué lograrás rindiéndote? La respuesta, solo ser una cobarde, solo ser una de esas personas que jure no convertirme.
Sin embargo esos días siguen existiendo ¿acaso a alguien no le pasa? le aplaudo si es así. Le envidio. Así que sigo soñando y llorando cada vez menos, mientras digo "sigue tonta, sigue quizás encuentres lo que quieras en algún lado". Por lo que cambiaré de camino. Haré que le jodan al futuro y al mundo. Esos días, días como hoy quiero coger una mochila una mochila y meter en ella mi cepillo de dientes, ropa, todo el dinero que tenga y un cuaderno; después coger un avión a uno de esos lugares que siempre he querido ir como... ¿Argentina, Japón, Tailandia, Islandia, LA, Irlanda? me da igual, me da exactamente igual. En cierto modo es una forma de cobardía, eso de huir. Quizás al llegar allí todo salga mal de nuevo, quizás todo se joda como siempre pasa, por qué "eso es la vida" pero cabe es mínima posibilidad de que las cosas salgan bien, esa posibilidad de que al despertar pueda respirar.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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