"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

lunes, 1 de junio de 2015

Nunca más.

Después de él me prometí algo... "no volver a llorar por un hombre". No importa lo dolida, lo triste, lo decaída o maltrecha que este. Podría no respirar. Podría sentir que el mundo se habría bajo mis pies. O quizás solo fuese un simple picor en el corazón, un molesto y constante picor que llorando se aliviaría, gritando se iría ¿no? Solía hacerlo, pero después venía la importancia del llanto, el significado del dolor y la brecha que quedaba en mi. Una y otra vez reparada. Estoy remendada con cuerda, hilo, nudos y cicatrices. Mi amigo el dolor y la desesperanza os conozco, injusticia a ti no te olvido, os lloro cuando me rompo por millonésima vez acabo llorando, a veces, soy humana ¿no? pero por amor, por amor nunca más, una promesa no dicha más que en mi mente "nunca más, nunca más" ese dolor lo deseche el día que él se marchó de mi sistema totalmente, casi... siempre quedará un trocito, eso lo sé. Lo asumo. Lo conozco y escondo en las profundidades de la memoria. Así que no importa cuanto alcohol pueda haber en mi, cuanto dolor, cuanta tristeza, desesperanza y rotura nunca más, nunca más.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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