"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

martes, 14 de julio de 2015

El peso de la incertidumbre y el desconocimiento.

El peso de la incertidumbre y el desconocimiento antes, cuando eras pequeña te causaba esa emoción palpitante, esos saltos frenéticos, ese ¿qué será? ¿qué pasará? Ahora.... ahora cuando tienes dos décadas y dinero en el banco, cuando vives teniendo que mirar al futuro y no al presente, cuando tus padres te regañan por cosas que no son romper un jarrón o faltar a clase, cuando tus sueños parecen menos reales y tu realidad necesita más mentiras sabes que has crecido, sabes que algo cambia, jode, molesta y te frustra a niveles que no creías del todo posibles. Ahora.... la incertidumbre y el desconocimiento solo dan miedo, aceleran tu corazón de forma errónea provocando taquicardias y temblor en tus manos. Ahora... ahora no ríes o sonríes o bromeas de la estupidez, ahora querrías gritar hasta quedarte sin aire pero lo que consigues son lágrimas acumuladas en tus ojos que no salen, una respiración carente y un dolor de cabeza, ahora... ahora rezas por volver a ser esa niña, ahora sabes que a veces debes pensar más porque mamá y papá no te cuidan, no te cogen si te caes, no te arreglan la incertidumbre y el desconocimiento. Ahora todo eso te toca a ti. ¿Asusta no? A niveles increibles, aunque bueno, tiene algo de emocionante aventura intrépida y estúpida. "Nunca fuiste tan lista" quieres reír al darte cuenta.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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