"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

sábado, 15 de agosto de 2015

Escucha mi bajo, quizás te enamores de él.

Cuando escuchas una canción ¿a quién prestas más atención? Cuando vas a un concierto ¿a quien miras? Cuando dices quien te gusta del grupo ¿a quien recuerdas mejor? Guitarrista, cantante, batería... pero el bajista suele quedar en un plano profundo, muy por debajo de todo el ruido, componiendo la base y estructura. Quítalo y no sonara igual, sabrás que falta algo, aunque quizás no sepas qué. Hay veces que me siento la bajista de mi vida. No debería ser así. Son buenos. Son importantes, jodidamente importantes. Son poderosos, son claves para el grupo. Entonces... ¿por qué parece que el mundo los ve solo como soporte la mayoría del tiempo?  Por lo que esta noche te pido que estés atento a mi voz, oigas la profundidad de las notas y al final de la canción tras haber escuchado mi bajo... aplaudas.

lunes, 10 de agosto de 2015

Por quien doblan las campanillas.

Tras aquella noche cada jueves veía a Nova en la cafetería, mientras yo removía mi café y paseaba los ojos por el libro que tocase aquella semana ella hacía sonar la campanilla, tamborileaba el suelo con sus duros tacones y se sentaba enfrente de mí con su amplia sonrisa, su pelo esponjoso y su maquillaje perfectamente pintado. Ella se había convertido en una constante en mi rutina. Una brillante y extraña. Decir que me enamore de ella sería una tontería. Nuestra historia no es de amor. Cualquier hombre con sangre en las venas, más de una neurona y un poco de impulso sexual enloquecía por ella. Yo lo hice. De miles de formas distintas, ¿amor? no podría determinarlo así. Ella era mi amiga y quiero creer que yo el suyo. Hablábamos de cine, de series, de libros y música. Me contaba anécdotas tontas sobre gente que le parecía curiosa en la calle, solía reírse de mis manías o soltaba números espontáneos haciendo el conteo de mis acciones. Yo le hablaba de mi trabajo, de mi madre y de mis escasos amigos.
-Eres un tipo raro Remi. Uno de los buenos.
-Gracias.-sonreí sin saber como responder realmente.-tu eres una chica única Nova.
-Eso me han dicho.-se recuesta sobre la silla y me mira divertida por encima de su taza.-me da valor.-río como una broma interna.
-Normalmente no te entiendo del todo.-reconozco cogiendo un trozo de tortita.
-Normalmente yo tampoco lo hago.-me susurra como si fuera el gran secreto. Le dio cuatro largos sorbos a su taza, la rebaño con la cuchara y se limpió cuidadosamente los labios.
-¿Te vas ya?-ella asiente.
-Hay que trabajar, mi jefe me matara sino cumplo el horario.-se levanta arreglándose la blusa bien por dentro de los pantalones.
-Necesita a su bella representante para atraer a la clientela.-ella me dio una media sonrisa y un beso en la coronilla, ese era un nuevo hábito suyo.
-Eres un chico dulce Remi y un hombre aún mejor.-dejo un par de billetes en la mesa pagando ambas cenas.-hoy invito yo. No discutas.-asentí.-bien.-asintió y se giro con paso firme a la puerta.-¡Adiós Spence! Hasta el próximo jueves.
-Adiós.-murmure cuando la campanilla anunciando su salida volvía a sonar.

domingo, 2 de agosto de 2015

El final de la canción.


Viajando viajando conoció a un tal Gerardo. No, es broma. Pero allí en las tierras del norte, con el frío, la humedad y el distinto olor en el aire bajo un cielo de nubes blancas en lugar de grisáceas encontró al hombre de la canción. A pesar del crack crack de sus pies, de los músculos cargados y las pintas de guiri extraviada la pequeña pero gran exploradora encontró a un dulce hombre. Al mirarle creyó encontrar al mismísimo Gepetto, de sonrisa amable. ¿Su nombre? Era el grandioso Mr. Klaus. Tiempo atrás su música resonaba en hogares y teatros, hoy... las suaves y precisas notas de su violín, dignas de palacio, resuenan en las calles acompañadas por los acordes de su viejo amigo Bell. La pequeña exploradora no sabía, nunca supo realmente, la importancia, lo relevante de aquel momento. Un simple hombre que un día fue gran como un dios, hoy solo era un simple trovador. Pero en aquellos instantes... mientras la exploradora lo miraba con ojos ensoñados, con una sonrisa y con agradecimiento, volvió a ser el hombre sobre el escenario con una orda de aplausos.


PD: He vuelto de vacaciones... más o menos. Ha sido, decir increible sería menospreciarlo. Espero que vuestro verano este siendo genial. Intentare actualizar más a partir de hoy. Un beso enorme, la niña perdida.

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