"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

domingo, 2 de agosto de 2015

El final de la canción.


Viajando viajando conoció a un tal Gerardo. No, es broma. Pero allí en las tierras del norte, con el frío, la humedad y el distinto olor en el aire bajo un cielo de nubes blancas en lugar de grisáceas encontró al hombre de la canción. A pesar del crack crack de sus pies, de los músculos cargados y las pintas de guiri extraviada la pequeña pero gran exploradora encontró a un dulce hombre. Al mirarle creyó encontrar al mismísimo Gepetto, de sonrisa amable. ¿Su nombre? Era el grandioso Mr. Klaus. Tiempo atrás su música resonaba en hogares y teatros, hoy... las suaves y precisas notas de su violín, dignas de palacio, resuenan en las calles acompañadas por los acordes de su viejo amigo Bell. La pequeña exploradora no sabía, nunca supo realmente, la importancia, lo relevante de aquel momento. Un simple hombre que un día fue gran como un dios, hoy solo era un simple trovador. Pero en aquellos instantes... mientras la exploradora lo miraba con ojos ensoñados, con una sonrisa y con agradecimiento, volvió a ser el hombre sobre el escenario con una orda de aplausos.


PD: He vuelto de vacaciones... más o menos. Ha sido, decir increible sería menospreciarlo. Espero que vuestro verano este siendo genial. Intentare actualizar más a partir de hoy. Un beso enorme, la niña perdida.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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