"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Juguetes del pasado.


Después de tanto tiempo estaba cansada. Agotada. Rendida. Destrozada. Exhausta. Harta. Julia estaba completamente cansada de tanto luchar, de intentar sobrevivir, de mentir, de no poder llorar más que en la soledad ¿hace cuanto que alguien no la estrechaba entre sus brazos hasta que no pudiera más?, estaba cansada de tener que sonreir y sostener el peso del mundo sobre unos hombros que cada vez eran más débiles. ¿Por qué le toco a ella? Sí, eso se lo preguntaba cada día mientras miraba la inalcanzable felicidad ignorante. Lo que ella daría por ser así de inocente de nuevo. Su vida entera por sentir lo que era ser así, por saber lo que era sentirse completa, por saber aunque fuese por un mísero segundo lo que era no estar rota y estropeada igual que sus viejos juguetes del pasado.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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