"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Pierdo dientes, héroes, virginidades, dinero, energía y a mí... pero ganó más de lo perdido.

Esta vida se caracteriza porque a medida que pasa y vamos creciendo, perdemos cosas.
Cuando eres solo un crío de pañales, un llorón de chupete o un pequeñajo que solo hace un par de años que puede ponerse en pie, es que pierdes los dientes, pierdes los juguetes, pierdes recuerdos, pierdes amigos.... y acabas perdiendo la inocencia.
Cuando creces empezando a creer en papá noel, en la magia, en hadas y duendes saltarines, cuando crees que lo héroes existen y puedes ser uno pierdes partidos y juegos, pierdes el autobus, pierdes recuerdos, pierdes familia, pierdes amigos.... y acabas perdiendo el tiempo.
Cuando los granos aparecen, la voz te cambia, tu cuerpo cambia y te crees más guay de lo que de verdad eres pierdes clases, pierdes exámenes, pierdes la virginidad, pierdes recuerdos, pierdes familia, pierdes amigos, pierdes parte de ti.... y acabas perdiendo el rumbo.
Cuando lanzas el gorro al aire, cuando bebes hasta desmayarte y fumas pudiendo enseñar el carnet, cuando gritas "que viva la fiesta" como si no existiera el mañana a ritmo de música tecno, pierdes neuronas, pierdes la dignidad, pierdes el sentido, pierdes la vergüenza, pierdes recuerdos, pierdes familia, pierdes amigos, pierdes sueños.... y acabas perdiendo la cabeza.
Cuando ya tienes el culo quieto, cuando debes asentar la cabeza perdida y jugar a mamas y papas en la realidad pierdes dinero, pierdes los papeles, pierdes intimidad, pierdes recuerdos, pierdes familia, pierdes amigos, pierdes prioridades.... y acabas perdiendo la libertad.
Cuando empiezan a llegar las canas, las carnes flácidas, los músculos cansados y la mente tranquila, pierdes la energía, pierdes fuerzas, pierdes energía, pierdes recuerdos, pierdes familia, pierdes amigos, pierdes emoción.... y acabas perdiendo una meta.
Cuando llega el final, cuando sientes las arrugas, la edad, el tiempo y cada célula de ti envejecer, pierdes gustos, pierdes firmeza, pierdes el oído, pierdes parte de la vista, pierdes recuerdos, pierdes familia, pierdes amigos, pierdes el miedo... y acabas perdiéndote tú.
Pero a pesar de toda la perdida y posible dolor. No todo es malo. Quedan esos amigos que son familia, quedan esos recuerdos que no puedes olvidar, quedan los sueños cumplidos y las metas abrazadas, queda la nueva familia que has hecho y quedan las experiencias que el tiempo se ha comido. No todo es malo pues has vivido. No, porque pierdes cosas... puede picar, puede quemar y joder sí dolerá pero perder no siempre es algo malo, porque también puedes ganar.


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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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