"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Solo debes entenderlo tú.

Nunca fuiste de esa gente simple, solías evitar los problemas si, pero soñabas con grandezas, con castillos flotantes y tesoros de barcos perdidos. El amor era un concepto, una idea, hasta que te paso... Hasta que te destrozo. Vamos... Hasta que te jodió. Luego del dolor, la sangre, -metafórica claro-, los remiendos, la cinta americana y una bella cicatriz volviste a ser tú, una un poco más jodida, más desconfiada pero más sabia. Esperanza murió. Sueño se creo. Pero realidad permaneció atándote al suelo con la fuerza de un titán. Después llego el azul a la ecuación, un brillante, claro y malditamente bonito azul ¿Que haces con él? Ni la mas remota idea. No es amor, es cariño. No es simple pero es fácil, es raro, es... Es algo que asusta hasta la médula al meditar. Mientras otras es como meterse en la cama y arroparse, cálido y confortable; eso te asusta aún más... eso hace que quieras correr ¿Por qué te quedas entonces? ¿Por qué sigues con la palpitación, los sudores y el pánico que te recorre en ciertos momentos? Quizás sea que te has cansado de correr de todo por una vez, quizás ahora esperes que las cosas salgan bien a tu manera, de esa forma absurda e incoherente que no se entiende. "Solo debes entenderla tú" te dijeron una vez. Quizás tuvieran razón. Esperas que sí.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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