"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Conversaciones de una voz demasiado conocida.

Mente: Hola amiga.
Tú: Hola....
Mente: Estamos jodidas ¿recuerdas?
Tú: Lo sé.
Mente: Parece que no te acuerdas ¿debo recordarte el dolor? ¿el sufrimiento?
Tú: Lo recuerdo.
Mente: No lo parece amiga mía, no lo parece. Quizás deba hacerte recordar cuan jodidas estamos... no se nos puede arreglar. No necesitamos arreglo. Pero no podemos...
Tú: ¡Lo sé! ¡Lo sé! ¡Lo sé! Lo sé.
Mente: No hace falta gritar, te oigo. La cuestión es que tú me escuches a mí.
Tú: Claro
Mente: La próxima vez, quémalo todo, cada sentimiento, cada pizca de latido, simple. Nosotras lo hacemos simple.
Tú: Porque estamos jodidas y solo sabemos manejar eso. Solo podemos hacer eso.
Mente: Eso es amiga, eso es.
Tú: Si... eso es.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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