"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Tan pequeña como Alicia.

Me rompo y no sé porque. Lloro y no sé parar. Dejo de respirar y no sé recuperar el aire. Recuerdo los pájaros y solo quiero callarlos a todos. Recuerdo las pesadillas y el miedo, quiero huir. Escucho los pasos que tan bien conozco, los siento acecharme, los siento demasiado cerca para escapar. "Es tarde" parecen canturrear los gritones pájaros "Ellos ya están aquí". Es entonces cuando quiero hacerme pequeñita, tan pequeñita que ellos no me encuentren. Tan pequeña que parezca que he desaparecido y se marchen.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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