"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

martes, 8 de marzo de 2016

El hombre del taller no era como decía el anuncio.

-Sally...
-Danny.-sonríe alegremente, mientras se quita los pantalones, hasta que me ve la cara, es entonces cuando su gesto cambia y el color desaparece de su rostro.-¿Qué pasa?-preguntar seria mientras se viste lo más rápido que puede ante la incomodidad.
-Pensé que podría hacerlo, me equivoque.-ahí esta, mi sentencia, las palabras que tanto calle, dichas como una bomba. Su cara no muestra nada, se ha puesto la máscara
-¿Que era lo que creías?-dice con total frialdad mientras por dentro se rompe. Sus ojos son el torbellino determinando la emoción. Tristeza. Ira. Alivio. Dolor. Lo veo todo.
-Arreglar eso que...-gesticulo, me rasco la cabeza desordenándome el pelo por la frustración-repararte.-suspiro dejando caer los brazos con un gesto triste. "No podías esperar a que se te pasara" piensa una pequeña voz en mí al ver sus ojos a punto de llorar. "No llorará. Con estas cosas no llora".
-¿Repararme?-se pregunta a sí misma agarrándose la gran melena pelirroja más frustrada que yo. Una pequeña risita escapa y un lado de su boca se levanta mientras asiente derrotada.-repararme.-repite mirándome con unos brillantes ojos con el torbellino de gris y verde. La tristeza y la certeza de la nada.-buen momento para soltarme esta mierda.-ríe mientras se coloca los zapatos y arregla la ropa del todo.
-Fue demasiado.
-Ayer no lo parecía.... parecía que todo iba bien, muy bien.-ríe triste.-con nuestras movidas.-sonríe de forma que me parte el corazón.-pero... parecía que todo iba bien.-repite suavemente.
-Lo siento.-me arrepiento al decirlo. Pone casi cara de asco.-Es que pensé que podría llegar a hacerlo.-la miro suplicante, buscando una seña de mi error, pero no había error. Esta grabado a fuego en sus ojos.
-Lo sé. Yo también lo creí.-dice derrotada con la comisura de los labios aun levantada mirándome esperando que diga que seguiré intentándolo, convenciéndola de que ella puede sentir, en realidad lo hace aunque no sabe como. "Quiere que me quede como ella no puede hacer."
-No puedo.-me rindo. Me canse. Era agotador, no sabía si lo que creía y lo que sabía era cierto o solo mi intento de ver más allá de ella.-no puedo seguir luchando contra ti misma, no puedo luchar contra la persona que beso y quiero.
-Lo sé.-repite mirándome con la misma máscara, sin sentimiento alguno más que una perdida escondida tras sus ojos. Un tono de desinterés que por dentro grita y aúlla como un lobo a la luna que no alcanza.
-Dime algo Sally, dime lo que sea. Por favor. Demuéstrame que me equivoco, que no estas tan vacía. Tan rota. Por favor.-suplico.-demuéstrame cuan mal estoy.-ella calla con sus ojos diciéndome lo que sus labios no dicen. Lo que necesito que ellos digan.-¡Dímelo joder!-grito desesperado.
Lo que no entendí, lo que nadie entendía a veces ni siquiera ella es que no podía decirlo, las palabras se ahogan en su garganta cada vez que intentaba decirlas. Su lengua se enrollaba dejándola muda. Las lágrimas están apretadas contra sus ojos esperando que me gire para salir, su corazón palpita al ritmo del tambor chocando contra su pecho de forma que duele. ¡Díselo joder! es lo que ella pensaba. Pero no puede. No puede. No puede. Lo intenta pero en algo sí tenía razón, esta demasiado rota, jodida, fragmentada, fría y perdida para ser reparada.
-Yo...-intenta. Quizás su maldita lengua sea capaz de formular las palabras. Un halo de esperanza me recorre. Mi último atisbo de luz.-no puedo. Tienes razón, no puedes arreglarme.-sus ojos se apagan. Es un click que me asusta más que la mayoría de cosas que he visto en ella. El brillo se esfumo. Es solo un azul apagado bajo el gris, es un cielo nublado sin sol.
girl, bones, and skinny imageEntonces solo cogió su maleta ya hecha, me dio un beso en la mejilla con un "siento ser así, pero te quiero aunque sea una estupidez" y se largo. Se marcho. mientras veía su espalda marcharse de mi vida recordé la primera vez que la vi en aquella playa, la foto que le enseñe al abuelo y recuerdo escuchar su voz en mi cabeza diciendome "es Sally Morgan". Solo pasaron dos segundos mientras que cerraba la puerta pero todo vino a mi. Quise correr detrás de ella, quise agarrarla por el brazo y estrecharla contra mi y no volver a dejarla marchar. Quise pedirle perdón. Pero no pude. No supe como hacerlo. Era un gilipollas. Así que Sally Morgan se fue de mi vida con un beso y unas palabras que me torturarían cientos de noches.
Si en ese momento hubiera dicho no importa aunque fuese así, sí la hubiera abrazado, si la hubiera besado, si hubiera visto más allá de mis egoístas sentimientos. Si en ese entonces hubiera sido el que soy ahora ella... ella estaría en otro lugar. En aquel momento fue tan fácil como respirar cinco veces apartarme de ella, me sentía tan abandonado, me sentía tan perdido, fui un niñato tonto. Siempre lo fui. Mamá tenía razón. Debería haberme quedado, mantenido mi promesa falle. En mi vida he fallado una y mil veces. Solo hay una que no me puedo perdonar.
PD: continuara...

1 comentario:

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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