"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

sábado, 28 de mayo de 2016

La quinta sinfonía se apago

Aún recuerdo el primer día que estuvo junto a mi, era la cosa más dulce y esponjosa que hubiera visto nunca. Sin embargo el dolor no radica ahí, el dolor radica en verlo crecer, en crecer junto a él, en todos esos años de lágrimas, de risas y de gruñiditos. De llamar a un ser que venía a ti como si fueras la octava maravilla del mundo.
Hoy entro a casa y todo me pesa. He recogido todas sus cosas, una vida entera reducida a un par de bolsas... no, una vida resumida en todos los recuerdos de mi cabeza que me hacen llorar, hoy lloro y río a la vez viejo amigo, pero no estas para consolarme, no estas para mirarme con esos ojazos tuyos hasta que deje de llorar, no estas para lamerme las heridas y darme calor por las noches. No, no estas y duele como hacía mucho que algo no dolía. Algunos dirán que es una soberana estupidez querer tanto a un perro, pero para mi era el mejor amigo que pude tener, era mi hermano, mi hijo y mi padre, era esa adorable bola de pelo que corría desesperado por alcanzarme con la lengua afuera mientras sus orejitas rebotaban. Era el que me dio tantos dolores de cabeza pero tantísimos momentos buenos que apenas recuerdo un día en mi casa que él no estuviera. Jamás necesite un héroe, el era más que suficiente. Ahora me pesan las paredes, hoy todo es triste... pasará, lo sé, es tiempo, el tiempo convierte los recuerdos que duelen en simples picores que rodean la felicidad. Pero hoy duele y quema, hoy me hace temblar y no poder respirar, hoy querría decirle te quiero una última vez mientras lo estrecho entre mis brazos como el peluche que siempre fue.
Hoy entre las lágrimas que bañan mi teclado y mis mejillas, hoy mientras intento respirar de nuevo te doy otra vez las gracias bolita, hoy te agradezco cada segundo de tu vida que me diste, te quiero pequeño, lo haré hasta el día en que me muera, de eso estoy segura. Algún día si el universo es bueno te encuentre. Sin embargo hoy solo puedo terminar secándome las lágrimas y suplicar que mis palabras te llegue, "te quiero nene".
Hasta siempre B.

2 comentarios:

  1. No es una soberana estupidez ni de lejos, por algo dicen eso de que los perros son los mejores amigos del hombre. Espero que todo vaya a mejor.

    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias de verdad, se avanza... es lo único que podemos hacer para no rompernos más no?
      Un beso enorme, gracias.

      Eliminar

Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

Contacto

eldeseodenuncajamás@hotmail.com