"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

jueves, 2 de junio de 2016

Demasiado

Ayuda. No es fácil pedir ayuda ¿verdad? No al menos para esas personas acostumbradas a llevarlo todo por dentro, a cargar demasiado y a llorar en silencio. Pides ayuda cuando todo desborda, cuando duele hasta el punto de la asfixia... cuando es tarde. Cuando ya estas roto en mil pedazos o cuando ya no queda nadie para oírte, para sostenerte. Estoy cansada de que sea tarde... si lo supiera, si tuviera la fórmula lo haría, gritaría a los cielos las palabras que necesito decir pero que se quedan atoradas en mis ojos y garganta. Lo intento, lo juro... pero no puedo. Es... demasiado. Todo es demasiado.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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