"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

martes, 28 de junio de 2016

No necesito nada pero por favor.... desaparece.

Hablo y hablo del demonio, hablo y hablo y lo alimento. Lo ignoró y me atosiga, me impide respirar, me aprieta la garganta mientras se ríe mirandome a los ojos. Cierro los ojos pero me susurra al oído, me tapo los oídos y me aprieta más fuerte. Escucho al demonio, siento al demonio, él soy yo. Él jamás se irá. Le temo, le odio, es mi enfermedad. Suplico y suplico que pare, le rezo a Dios porque pueda ser libre... pero Dios parece desaparecido. Estoy condenada a una cárcel que yo misma cree. Solo quiero paz. Hace mucho que no tengo paz, hace mucho que no siento nada más que dolor y miedo, angustia y tristeza, sufrimiento, pánico, estancada y jodida. Sin embargo hay algo que me asusta más que sentir este horror de nuevo, lo que más me asusta es que llegue a darse el punto de nuevo en el que no sea capaz de sentir nada. Por ello....
solo quiero.... solo quiero.... solo quiero que esto acabe.
girl, smile, and cigarette image

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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