"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

martes, 26 de julio de 2016

Una extraña adicción.


Tengo una adicción por las historias de amor... creo en él, pero no para mi. No sé si soy capaz de sentirlo, capaz de ser correspondida....
hoy me he terminado de dar cuenta de mi adicción a las historias de amor, da igual tristes o felices (las prefiero dramáticas pero con final feliz) y no he podido evitar preguntarme el por qué de mi adicción. Y creo que la respuesta radica en que el ser una persona incapaz de sentir casi nada permitirse sentir algo adoro sentir a través de historias ajenas.

domingo, 10 de julio de 2016

Si paso la línea caigo, no quiero caer

Estás al borde del desastre, pides ayuda, escasa... pero es más de lo que sueles hacer. Es demasiado casi. Sin embargo sabes que estas ahí, al borde del puto abismo, y aún así a pesar de que tus gritos y susurros la ayuda no aparece. Solo te queda aguantar en la línea, evitar caer e intentar ordenarte mientras tanto. Caer no es una opción, aún si debes aferrarte con las uñas, los dientes o la última pizca de ser que te quede... no caerás. ¿Me oyes? No vas a pasar esa línea. No otra vez.

miércoles, 6 de julio de 2016

El mar que ahoga mi mente.

Lo he dicho cientos de veces y empiezo a ser repetitiva. Quizás mis palabras ayuden a alguien, o quizás solo sea yo intentando arreglarme con parches de palabras. Es lo que mejor funciona para mi, las palabras. La mente se turba, no ves, no entiendes que sientes porque es demasiado, la tristeza te nubla el juicio, te agua los ojos y hace hiperventilar. Solo ves en un color, da igual cual, pero solo es uno cambiando rápidamente en tu mente como en un ataque epiléptico, no tienes control alguno, solo puedes intentar no ahogarte. Mis ataques de pánico, mis depresiones, mis "mi mente esta jodida hasta el punto del no retorno" son como eso... como estar nadando a mar abierto´y darte cuenta que estas demasiado lejos de la orilla, intentas tocar el suelo y te das cuenta que puedes ahogarte. Las opciones son el pánico o la calma, con el pánico, contigo haciendo movimientos bruscos solo consigues atraer a las bestias del mar y cansarte demasiado para volver a la orilla, para seguir nadando, para incluso respirar, te ahogas. Sin embargo la clave es la calma en el miedo, la tranquilidad que enmascara el miedo te salva, te hace poder nadar, te hace sobrevivir. Me aferró a ello cuando lloro, cuando me ahogo y cuando no puedo respirar, cuando el ataque epiléptico de sentimientos de mierda invade mi mente pretendiendo que me ahogue. Lo hago, me sumerjo durante segundos, minutos, a veces horas e incluso días... pero hay un instante de lucidez en el que recupero la calma, lo busco como el que intenta mantenerse a flote. ¿Tiene sentido? Espero que sí.

lunes, 4 de julio de 2016

Reír y cantar.

La noche es húmeda, corre una tenue brisa con olor a mar mientras escucho mis sandalias contra las piedras al andar. Estas cuestas son definitivamente mortales, subimos y subimos mientras nos tiran los glúteos y pantorrillas. Una de mis amigas jadea. Yo maldigo. Nos miramos rezando que el poco maquillaje que llevábamos no se haya corrido y que las gotas que humedecen nuestra piel sea el agua del ambiente y no el sudor. Escuchamos la música de un garito y entramos a bailar. Mojito por aquí, mojito por allá. Un cigarrito por un lado, el humo por otro con la música rebotando en todos lados. Bailamos hasta que nos duelen los pies y el sudor llena nuestro cuerpo, hasta que queremos agua en lugar de alcohol para hidratarnos, hasta el punto de sentarnos a hablar y mirar las caras que llevamos una semana mirando. Reímos, cantamos y reíamos otra vez. Eso debería ser la vida. Para siempre. Un bucle infinito de reír y cantar, el mundo sería un lugar mejor desde luego.
Dicen que la vida son momentos y personas, pues yo estos momentos y personas no los cambiaba por nada.

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