"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

domingo, 14 de agosto de 2016

Lo siento.

couple, love, and black and white image
La jodí.
Le temía al lobo de ojos azules y tranquilos, estaba asustada del humano de dulces acciones y sinceros pensamientos... temía que me mordiera, que me hiciera daño... al final fui yo. Al final el daño nos lo cause yo con un brutal mordisco que no para de sangrar.
Puedo decir que en la vida la he cagado grande y pequeño, pero la de hoy, la de aquel día... fue big time, fue la cagada monumental de la que ojalá pudiera retractarme. Dadme un reloj mágico. Dejadme mis zapatos rojos para volver atrás.
Traición... arrepentimiento.... lo siento todo ahora mismo. Soy una mala persona. Así me siento. 
Estaba agobiada, perdida, estaba.... demasiado, esa palabra define mucho lo que pasa por mi mente. No logro entender, solo sentir.... solo hundirme y no poder parar. Demasiado.
En aquel momento todo era demasiado, jodidamente demasiado. Hoy, parece poco en comparación. Duele demasiado, esto de ahora, la pérdida que espero recuperar es demasiado. Duele. Lloro y lloro sin poder parar, es mi culpa. Es mi jodida y gran culpa. Pánico, ansiedad, miedo.... ese miedo atroz de quedarte sin respiración, ese dolor que quema y que no puedes parar. Solo quiero gritar. Solo quiero llorar. Solo quiero abrazar al lobo y que me de un beso, eso sería suficiente... sería un paso. 
Ahora me arrodillaría y suplicaría, sacaría las cajas y las abriría todas, todo lo que esta perdido, escondido y guardado. Todo lo que me aterra es del lobo si lo quiere, si con ello me perdona... me arriesgo a darle todo y que luego se de la vuelta.  
¿Qué hago sino? No me queda otra que intentarlo. No me queda otra que aferrarme a los últimos resquicios de la esperanza. 

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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