"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

jueves, 6 de octubre de 2016

Se busca casa que acepte monstruos

Mientras caminaba entre telas y consumismo, mientras evadía mi mente y mataba el tiempo leí una frase que me calentó el corazón "mi hogar esta donde esta mi monstruo".
¿Lo oyes amigo? ¿Lo lees querido amigo condenado? Esa tristeza que te aprieta el corazón, ese monstruo que acecha cada pensamientos y esas garras que te atraviesan la garganta pueden ser aplacadas.
Es una frase que unos miraran con cariño, quizás con terneza de "todos tenemos un pequeño monstruo". Tú que me lees quizás seas uno de esos, afortunado eres amigo. O tal vez entiendes lo que quiero decir... entiendes que el consuelo está en que existe un hogar en el que el monstruo puede vivir y existir.... un lugar en el que no quieres destruirlo y echarlo, sino acomodarlo.
Porque recuerda, el monstruo eres tú, tú eres el monstruo.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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