"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Una pesada pidiendo un favor a sus eternas amigas.

Si me preguntaras ahora mismo esa odiosa pregunta que mil veces te hacen y harán, ya sabes, ese "¿qué tal?" mi respuesta sería bien. No mentiría, realmente estoy bien, sin más, sin florituras, bien. Tengo un bajón puntual a ciertas horas del día, una amiga mía dice que es la luna que nos afecta. No estoy particularmente alegre, pero tampoco particularmente triste... quizás la respuesta correcta sería normal. Normal para mi forma de ser. La tristeza y alegría se unen en una perfecta maraña, en un yin y yang que se alternan para consumirse el uno al otro.
Hoy tuve momentos felices, me reí, me lo pase bien, pero sí que notaba ese... estoy pasando por el mundo como un mero espectador más que viviéndolo, ¿sabes?
Hoy tuve una recaída (más bien estoy al borde de tenerla) en mis hábitos destructivos, en ese he comido demasiado y me siento hinchada, en ese no me veo bien en el espejo, en ese no soy un factor importante en la vida de la gente.
Sin embargo la cuestión radica en que sé que esto solo es mi demonio hablando.
Te escucho maldito, te escucho alto y claro... pero me niego a dejarte vencer, me niego a volver atrás a llorar por mi autodestrucción. Me niego a volver a contemplar como me puedo matar lentamente, como acabo dándome asco a mi misma y como la vida se me escapa gracias a mis propios actos. No. Eso si que no.
Hace tiempo atrás tuve mis momentos más oscuros, no recuerdo que me salvo, no recuerdo porque para mi eso que llamo mi época oscura ha sido empañada con una densa bruma. Lo que recuerdo es que me empece a salvar con las palabras, volviendo a ellas cuando ya las tenía abandonas, así que hoy, como la pesada que soy, recurro a ellas de nuevo.... pidiéndoles que me salven de mi misma.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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