"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

domingo, 18 de diciembre de 2016

No pienso subir el volumen.

Mi cabeza es una serie de catastróficos pensamientos, un caótico desastre que solo destruye y hiere, a sí misma y alrededor. Es un grito al vacío pidiendo auxilio.
Antes soñaba con salvarme, con intentar vivir con los problemas que tenía, no necesitaba arreglarme, no estaba rota... no mucho, solo algo jodida.
Sin embargo, le conocí, me jodió, me hizo confiar en él, me hizo que quisiera y creyera que podía depender de él (de una forma sana), me hizo creer que tenía a alguien para poder apoyarme... quizás sí fuera así. El problema radica en que él no sabe que hacer, no sabe como actuar y al final solo acabo peor.
No es culpa suya, es culpa mía por creer que el mundo podía entender mi jodida cabeza con gritos silenciosos.
El problema es que no quiero subir el volumen de mi voz.
¿Qué hago ahora? os preguntaréis, eso mismo me cuestiono yo....porque ahora solo quiero volver a destruir cada célula de mi cuerpo, causarme tanto daño que no sienta más, quiero presionar una y otra y otra vez el gran botón de mi autodestrucción hasta que no quede nada de mi. Nada que recomponer, solo la nada. Esa nada que tanto me aterra necesito que vuelva un momento para darme paz. 
No os equivoquéis, esto no es ningún tipo de pensamiento suicida o de desapego a la vida, no quiero morir, amo y adoro la vida. Por eso ahora la odio tanto por hacerme sufrir así.
Solo es una fase me digo, solo es un momento, solo es un gran bache que pasarás. Porque lo voy a pasar.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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