"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

domingo, 22 de enero de 2017

Esto no lo curan un par de ibuprofenos.

Durante años tuve eso a lo que llamaba demonios, aún los tengo. No tienen ni nombres ni apellido, por tener no tienen ni forma. Durante años callé pues pensaba que era absurdo, que era rara, que estaba jodida y que tenía un problema, más bien... era un problema. Un problema que tiene que arreglarse.
Crecí. Para esto si que debo agradecerlo. Joder, menos mal que crecí.
Con los años comprendí que en este mundo puedes tener un catarro, fiebre o una pulmonía y todo ello será visto como una enfermedad que debe ser tratada, como algo corriente que debes solucionar, algo de lo que tienes que reponerte. Paretamol o ibuprofeno, mucha agua y reposo.
Sin embargo en este mundo hay una verdad oculta de la que la gente se niega a hablar. Existen más enfermedades de las que padeces cuando tu cuerpo es infestado por un organismo extraño, que cuando el frío te da y la nariz se te pone roja o cuando tus células deciden volverse locas. En este mundo hay enfermedades que a veces no se consideran como tal.
Quizás sepas de lo que hablo. Quizás conozcas a alguien que las sufre o tu mismo escondes este "estigma social" del que las personas deben avergonzarse. Tiene miles de síntomas. Ansiedad, depresión, fobia, TOC, anorexia, bulimia, trastorno social, bipolaridad, psicosis... tienes cientos para escoger. 
Me han dicho que mi problema no es un problema, que me lo he inventado, que yo decido padecerlo. Durante años lo creí. La gente no sabe tratarlo hasta que no lo sufre, pues el mundo no te enseña que existe hasta que es tarde. 
Mi enfermedad es algo que "debo ocultar", algo "poco relevante" que solo hago para llamar la atención. Algo que acabe pretendiendo que no existía. Me convertí en una "chica normal" que ríe cuando tiene que reír, perfectamente establecida en la sociedad, ideal para fiestas y charlas fáciles.... me convertí en una chica que no se reconocía al espejo, que lloraba por las noches y no sabía quien cojones era.
Por esa chica me gustaría decirles a todos aquellos que piensen esto que se planteen como es sentir que te falta el aire hasta el punto de que dejas casi de respirar, como es sentir que tu alrededor se vuelve negro, como no poder pensar pues tu mente no te deja, como sentirte un día la persona más feliz de la tierra y al día siguiente no poder evitar querer erradicar la tristeza que sudas por cada milímetro de tu piel. 
Me gustaría decirles a aquellos que entienden lo que digo, hola amigo, lo sé... esta mierda es jodida, es real y no, no debes callarte, no es una mentira de tu mente, no tienes que estar bien porque estar mal no es más que un invento de tu cabeza, no... solo tienes que pedir ayuda, solo tienes que salir del pozo y entender que lo que tienes tiene nombres y apellidos. Lo que tienes es real.

2 comentarios:

  1. Tan real, 22 años viviendo con esos demonios.
    Y como tu dices, Crecí.
    Tuve la fortuna de crecer.

    Que jodido mundo nos toco...

    menos mal nos topamos en este bosque de palabras.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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