"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

lunes, 13 de febrero de 2017

El arte de aprender viajando

Un día haces una maleta y apareces en un lugar que solo habías visto en fotos, del que habías oído rumores y leyendas, historias fantásticas y anécdotas de toda clase. Da igual lo que sepas, nada de eso importa cuando sientes el aire helado de un lugar por primera vez y el frío cala en cada uno de tus huesos, cuando ves nevar en ese lugar de cuento, cuando ves el agua congelarse y te preocupas por la vida de los patos, cuando hueles el humo extraño de lugares curiosos, cuando comes tanto que sientes que el espejo será un cabrón cuando te mires... y aún así te da igual. Sonríes en cada foto, te ríes hasta que no puedes ni respirar, hablas una lengua que no es la tuya e intentas entender una que ni si quiera medio comprendes. Te aprendes cuatro palabras y quizás así al menos empieces a entender ¿no?
Vives esta vida solo una vez, tienes un mundo entero para descubrir que te puede enseñar cosas que nada más puede. ¿Ves esa foto? No es nada comparado con la emoción que sentí al bajarme del avión, nada comparado con el frío que sentí cuando salí de la estación y ande durante horas y horas con más capas que una cebolla, esa sonrisa es un fragmento de lo que mi corazón sentía, porque joder... que felicidad en tan poco tiempo y espacio. 
Ese rincón del mundo que he descubierto es más de lo que te cuentan y ves, es más, es gente, es olores, es un rincón extraño descubierto mientras te pierdes caminando, es las luces reflejadas en la nieve y el olor de una ciudad más limpia. Esos museos enormes llenos de obras que solo podías imaginar, cada trazo, cada color fijado en la retina a solo centímetros.
El arte de viajar te enseña cosas que los libros no pueden, te cambia la mente aunque sea a pequeños trozos. El arte de viajar es uno de los más bonitos de este mundo, y si la compañía es buena no puedes pedir nada más. Solo necesitas esa pequeña maleta, lo demás viene solo.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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