"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

domingo, 23 de abril de 2017

El miedo vuelve cuando menos te lo esperas

Todo empezó con una llamada de teléfono, ahora la niña era una "mujer", era más fuerte, más seria, menos emocional y con mucho menos corazón. Pero todo aquello dio igual...pues en el instante que escuchó aquella voz asustada, la niña volvió. 
El tiempo ayudó. Ahora no era la Julia abandonada a su suerte débil y desesperada, ahora era la mujer que amaba a los dragones y sonríe a los incendios. Su cuerpo se movía solo, no pensaba, no sentía, solo sabía que tenía que mantener la calma y funcionar. Aquella era la forma en la que podía sobrevivir el pánico que invadía a la niña en lo más profundo de su ser.
Lo hizo muy bien. Condenadamente bien. Aguantó incluso cuando las voces que una vez calló se dignaron a volver, si las había dejado atrás era por algo... ahora recordaba más claro el porqué.
El terror acabó siendo lo que parece ser un susto, uno enorme, gigántico, que la dejo desnuda y sola, abatida y cansada... repleta de lágrimas que aguantó hasta el momento de llegar a la paz de la soledad de unas cuatro paredes.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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