"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

miércoles, 24 de enero de 2018

Un corazón tan pesado que jamás había sido tan libre.

A veces somos incapaces de dejar ir las cosas del todo, incapaces de entender la realidad que vivimos y los sentimientos acaban convirtiéndose en una carga.
Hoy, yo me di cuenta de que por culpa de mis cargas he tenido que perder, he sido incapaz de alcanzar cosas maravillosas que valían la pena.
No me arrepiento, más tengo rabia y ciertas ganas de gritarme un poco "¡eres idiota!". Pero no me arrepiento porque no hay mayor lección que vivir, cagarla y aprender. Te caes, asimilas la hostia y aunque te estén sangrando las rodillas, aunque te piquen las manos y aunque notes el dolor en tus pasos... sigues, porque eso es lo que debes hacer, porque así paso a paso es como te haces fuerte, es como vives. Hay momentos en la vida en que unos debe detenerse, lo he hecho demasiadas veces para saber que este no es uno de ellos.
Sí, esto va por ti lobito... mi amor por ti se ha acabado convirtiendo en una pesada carga que llevo con dolor. La cuestión es la siguiente. Puedo hundirme con esa carga. O puedo aprender a llevarla, puedo aprender a hacerla más ligera. 
Soy débil, muchas veces soy jodidamente débil, lloro, me caigo, lloro y me hundo. Ser débil no es un problema, permitirnos serlo a veces es lo más valiente que podemos hacer. 
Este largo tiempo he aprendido una cosa de mi debilidad y mi tristeza, me han hecho más fuerte. Me he vuelto más yo.
Hacer las paces con uno mismo aporta una paz que no puede ser descrita. No importa que a veces siga cayéndome, no importa que llore como una niña o que mi corazón siga latiendo por "él". No importa porque he aprendido que a seguir, a vivir y respirar con una sonrisa y una carga en el corazón. Y la ironía de la situación es que hacía mucho tiempo que no me sentía tan tranquila, tan ligera. 
PD: ando de exámenes y estoy desaparecida del mundo. Escribí este pequeño texto como liberación. En cuando este libre me pondré al día con cada una de vuestras palabras amigos míos. Un beso enorme, la niña perdida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

Contacto

eldeseodenuncajamás@hotmail.com